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    Nous avons  le grand plaisir de vous communiquer que Mlle. Marianela ESTEVEZ, de la ville de La Plata,  a remporté le Prix de l'édition 2010 du Concours "Francia y vos" En effet,  le jury:  Mme. Christiane AUGE, comme  présidente de notre association, Mme. Patricia AMATURO et Mme. Laura BERENGUER, membres de notre  Comité de Direction, l'ont décidé, étant donné la qualité exceptionnelle de son travail.

    Nous tenons aussi à remercier et à féliciter tous les participants de cette édition 2010 du concours organisé par l'APFBA et l'AMOPA pour les excellents travaux présentés.

     


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  • Link a las bases del concurso "Francia y vos" 2010:

    http://www.blogg.org/blog-19763-date-2010-07.html


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    Francia, febrero 2010

    Antes de contar un poco sobre el viaje quiero agradecer a los miembros de

    APFBA y especialmente al jurado, que eligió mi escrito. También quiero

    destacar la preocupación de Graciela Asteinza, ya que gracias a ella, y a la

    amabilidad de François y Carolina Lassabe, y a la generosidad de Beatriz

    Rocheman, tuve la oportunidad de conocer París durante diez días. Estoy muy

    agradecido por la gentileza con que me recibieron los miembros de la AMOPA y

    por el tiempo y la amistad de todos los franceses, mejicanos, peruanos,

    españoles, uruguayos y argentinos que encontré del otro lado del atlántico.

    Saludo especialmente a Robert Lassègues, a Bernard de Monk d’Uzer, a su

    prima Elisabeth Ricaud, a Hélène Sebat, a George Laudouar, a Michel y

    Françoise Laborde, a Marina Lasssabe, a Albert y Marie Hélène Louvigné, a

    Jean y Lucienne Chiama, a Pierre y Génévieve Aurisset, a Pierre y Françoise

    Legendre; y a Marie-Marthe Escoubet. Son verdaderamente muchas las

    personas que se ocuparon de mi estadía en Francia, les agradezco a todos.

     

     

    El trayecto completo del viaje comprendió 15 días en el departamento de

    Aquitania, especialmente en la región de los Pirineos Atlánticos, y diez días en la

    capital. Los puntos principales del itinerario fueron Pau, Biarritz y París.

    Biarritz

    Cuando llegué al hall del aeropuerto, me dio la sensación de que la gente que me

    esperaba buscaba a otra persona, a alguien mayor. Uno nunca acierta con las

    expectativas que se hace sobre los demás. Recién llegaba y no sabía muy bien

    qué decir o qué hacer -menos después de haber pasado 4 aeropuertos en 20

    horas-; pero ya estaba todo previsto y mi viaje empezó en un ambiente de

    cordialidad y de atenciones muy amables. Bernard de Monk d’Uzer me llevó a

    hacer una breve recorrida por Biarritz. Pasamos por la zona de los hoteles y por

    el casino. Eran más de las diez de la noche, la mayor parte de la gente está

    acostada a esa hora en Francia y las calles estaban casi vacías. Vimos a una rubia

    hermosísima bajar de un taxi y entrar apurada en un suntuoso hotel. Un camión

    basurero se estacionó al lado de un contenedor. Un mecanismo automatizado

    volcó su contenido en la prensa y lo colocó exactamente donde estaba. Llegamos

    a un portón de madera verde. Nos bajamos ahí, que era donde iba a pasar la

    noche. Charlamos un rato con lo dueños de casa. Me preguntaron sobre Messi,

    sobre Maradona y sobre Kirchner. Me pareció que habían investigado un poco

    antes de hacerme ciertas preguntas. Me indicaron mi habitación y me fui a

    dormir. El celular había perdido su señal desde que salí de Buenos Aires así que

    lo usaba sólo como reloj. Aunque entendía lo que representaban los números,

    no podía saber realmente qué hora era ni cómo había llegado hasta ahí.

    Desde el primer día en Francia anduve sin parar de un lado para el otro. Las

    personas que me hospedaban me invitaban continuamente a todos lados: a

    tomar cervezas, a comer, al cine, a celebraciones, a inauguraciones, a conciertos,

    a museos y a festejos.

    Biarritz es una ciudad turística, la capital del surf en el verano. Las personas que

    vieron las fotos que traje me dijeron que se parece a Mar del Plata.

    Antiguamente la mayor parte de sus habitantes eran vascos que se dedicaban a

    la pesca, incluso a la pesca de Ballenas. Victor Hugo pasó por ahí antes de 1850;

    vio a los pescadores meterse mar adentro en unos botecitos y a mujeres

    descalzas limpiando pescado en la playa, las escuchó entonar canciones de

    marineros y hablar mezclando palabras en francés y en español. Según dejó

    escrito en su cuaderno de viaje, quedó encantado por el lugar; aunque tenía

    miedo de que se pusiera de moda, que dejara de ser lo que era y se convirtiera

    en una mala copia de París. Pocos años después, Napoleón III compró tierras

    ahí e hizo construir el exuberante Hotel du Palais para Eugenia de Montijo.

    Cuando murió Napoleón, Eugenia lo vendió a un banco de la capital. La familia

    real de Inglaterra y varias figuras de la realeza pasaban sus vacaciones en

    Biarritz. El Hotel fue incendiado y reconstruido. Desde la entrada del Hotel se

    ve perfectamente la Iglesia Ortodoxa Rusa, que es otra de las edificaciones

    monumentales de la ciudad. La mayoría de las casas de Biarritz retomaron el

    estilo vasco con aberturas rojas, azules o verdes. Muchas de ellas están vacías

    hasta la temporada de verano. El invierno es el tiempo de la construcción, las

    remodelaciones y el mantenimiento. Durante la temporada invernal se pueden

    ver decenas de casillas de obreros contratados para los trabajos. La población

    que vive en la ciudad todo el año no alcanza las 30.000 personas. En general se

    trata de gente mayor que adquiere una propiedad en ese lugar para pasar los

    años de jubilación cerca del mar y de los baños termales. Entre las personas que

    viven en Biarritz desde hace más de dos generaciones, escuché decir que la

    ciudad se ha vuelto un centro de conferencistas.

    Pau

    Pau es una ciudad importante de la zona sudoeste de Francia, famosa por la

    vista de los Pirineos que se tiene desde ahí. La ciudad fue fundada alrededor del

    siglo XII al lado de un río que lleva el mismo nombre. Tres siglos después fue

    sede del castillo de Enrique IV. Limita al sur con Jurançon, que es un lugar muy

    conocido por la producción de vino blanco dulce -también se produce seco-.

    Cerca de Pau se descubrió un yacimiento de gas y se instaló una fábrica de

    motores de helicópteros. La población es un poco menor a la de Bahía Blanca -la

    mayoría de los lugares no son muy grandes y están más cerca unos de otros-.

    Una parte importante de sus habitantes son descendientes de agricultores. En

    general son personas sencillas a las que no les cae bien la sofisticación de los

    parisinos.

    En Pau escuché que si se ven los Pirineos, está por llover; si no se ven, está

    lloviendo. En cuatro días uno descubre que no es simplemente un dicho. Aun

    así, vi el cielo azul en Gavarnie filtrándose por la Brecha de Rolando. (Según la

    leyenda: después de la batalla de Roncesvalles, Rolando abrió esa brecha en la

    montaña con su descomunal espada).

    Cada miembro de la AMOPA que me hospedaba me llevaba a conocer algún

    lugar. Así fue que visité el castillo de Enrique IV: vi las escenas de caza en los

    tapices, los delicadísimos muebles persas, los jarrones chinos y las ventanas

    desde las que se ven las cumbres más altas de los Pirineos. También entramos

    en la catedral de Lescar y en pequeñas ciudades medievales, sin castillo ni

    iglesia, en las que había fuentes de piedra que tenían tallado el rostro de Pan.

    Un día George Laudouar me invitó a comprar vino a Jurançon. Gran parte de las

    mujeres y los hombres que viven ahí forman parte de familias de viñateros que

    conservan el oficio desde hace siglos. Cuando entramos me dio la sensación de

    volver al pasado. Llegamos a una finca que se extendía una hectárea sobre una

    colina. Estuvimos parados un rato, después golpeamos las manos. Una mujer

    salió de un galpón de chapa, se sacó un guante y nos saludó. Hablamos

    brevemente del tiempo y nos dijo que tenía cuatro vacas en ese galpón que había

    conseguido hace poco. La mujer nos invitó a seguirla al otro lado de la casa -ya

    conocía nuestro encargo que consistía fundamentalmente en vino blanco para

    quesos y vino tinto para cazuela de mariscos-. Caminamos hasta una bodega

    hecha con bloques de piedra y hasta una puerta en forma de ojiva. Entramos.

    Nos hizo esperar ahí y descendió a la cava. Cuando volvió hablamos un rato

    más. Por momentos no lograba seguir la charla entre la mujer y George

    Laudouar, y me quedaba mirando cómo estaba construida la pared de la bodega

    y la viga de madera de un metro de lado que sostenía el techo.

    Con Marina Lassabe y un grupo de gente amiga de la región nos vestimos de

    ovejas y carneros y desfilamos en el carnaval de Pau. No sé bien cómo se

    encadenaron las circunstancias, pero en algún momento llegué al lateral de una

    carpa gigante donde había gente envolviéndose en pieles de oveja. Esas

    personas me disfrazaron también a mí, seguimos a la caravana y nos metimos

    en una fiesta en el centro de la ciudad. Nos ganamos una comida y un vaso de

    vino tinto por el espectáculo. Tomamos Jurançon y bailamos el folclore típico de

    los vascos y los gascones. Después de la fiesta nos fuimos a un bar. Creo que

    estuvimos hasta las 3. Volvimos caminando. Cruzamos el empedrado que forma

    parte del casco antiguo de la ciudad y seguimos, no sé bien por dónde. Llegamos

    a un paredón altísimo y extenso. Me dijeron que era uno de los laterales de la

    cárcel. A unos metros de ahí había una puerta alta de madera un poco

    estropeada por el uso. La puerta correspondía al edificio de departamentos

    donde íbamos a pasar la noche.

    Varios de los clichés que existen sobre los franceses son ciertos, especialmente

    los que se refieren a la comida. La comida es algo muy importante en Francia,

    uno lo puede notar simplemente en el cuidado que ponen en el vino, la manteca,

    el pan o los quesos, que son verdaderos tesoros nacionales. Además de sus vinos

    propios, la región de Aquitania tiene especialidades de altísima calidad como el

    foie gras de Landas, el queso de cabra y de oveja. En Bearn el queso de oveja es

    seco y salado casi como un queso de rayar, en País Vasco es más cremoso y se

    come con mermelada de frutos rojos. Una de las comidas que más recuerdo es el

    hígado de pato a la sartén. Sobre una piedra negra como las que se ven en los

    techos de muchas casas bearnesas, dos pequeñas sartenes: en la izquierda, tres

    hígados de pato enteros con rodajas de pan tostado dulce, en la derecha,

    verduras también salteadas en grasa de pato. Todo acompañado con vino blanco

    seco.

    Además de Biarritz y Pau, estuve en Saint-Jean-de-Luz, Bayonne, Anglet,

    Ascain, Espelette, Cambo, Saint-Jean-Pied-de-Port, Souraïde. Bénéjacque,

    Lourdes, Gavarnie, Luz. Dax, Oloron, el puente de Orthez, Hossegor y

    Capbreton.

    Salvo Bayona (Bayonne), no conocía ninguno de esos nombres. Todos están en

    un radio de pocos quilómetros y en una tarde pasábamos brevemente por

    varios. A medida que los iba recorriendo pude ver: la costa, la arena

    completamente cubierta por nieve, los veleros en los muelles y los pesqueros

    artesanales en los embarcaderos. Los pasajes estrechos entre las casas, el

    colorido de las ventanas, los puentes y las edificaciones que se reflejaban en el

    río. Las casas blancas y rojas en las colinas, el verde de las pasturas, las

    majaditas de ovejas, el maíz cosechado, las viñas y el río cruzando los bajos. Los

    bloques de piedra en los dinteles, los techos de laja negra y los mercados en las

    plazas, rodeadas de plátanos ornamentales.

    Biarritz

    Después de haber recorrido el sudoeste de Francia durante quince días, me

    esperaba nada menos que París. Pierre y Françoise Legendre me llevaron hasta

    el aeropuerto, pero primero fuimos por última vez al muelle. El día anterior

    había nevado y ese día hacía 2 grados sobre cero. Vi a un hombre en sunga

    caminando por la playa. Se metió al agua y se puso a nadar. Me explicaron que

    era vasco. Pensé que no era sorprendente que los vascos se fueran a cazar

    ballenas en unos botecitos a remo como el que se ve en el escudo de Biarritz.

    Françoise Legendre entró conmigo al aeropuerto. En el hall me estaba

    esperando Robert Lassègues. Llegué hasta el control de equipaje entre regalos,

    llamadas de despedida y apretones de mano.

    París

    Como toda capital, París es una ciudad complicada, es un lugar en el que se

    superponen y conviven mundos que simulan no tocarse. Uno puede circular por

    ahí como turista o como estudiante, puede volver a su casa en un auto exclusivo

    o en el tren. La ciudad fascina con encantos diferentes y diferentes miserias.

    Los argentinos solemos decir con orgullo que Buenos Aires se parece a París,

    pero los franceses no parecen estar de acuerdo, y dan argumentos precisos, por

    ejemplo, la comparación del Riachuelo con el Sena. Aun así, no obstante todas

    las diferencias que puedan exponerse, cuando llegué por primera vez al centro

    de París tuve la impresión de encontrarme en una Recoleta magnífica. Esto

    probablemente porque no tengo un lugar mejor para hacer ese tipo de

    comparaciones. En todo caso esas comparaciones son un modo de entender

    cómo se organiza el espacio urbano en la capital de Francia.

    Una mejicana se había ofrecido a hospedarme en la capital, gracias a ella estaba

    ahí. No tengo mejor forma de describirla que contar lo siguiente: A la salida del

    aeropuerto, Beatriz no podía encontrar el tiquet del estacionamiento; así que

    salió del auto y dio vuelta su cartera completa sobre el asiento del conductor. Se

    formó ahí una pila de papeles, papelitos, monedas, frasquitos, cosméticos,

    tarjetas y folletos entre los que debería estar el recibo de parkíng. Del otro lado

    de ese montón de cosas estaba una mujer echando chingadas a cada uno de los

    objetos de la cartera que no fuera el tiquet. Así entré a París, desconcertado por

    una extraña familiaridad y con la garantía de poder sentirme como en mi casa.

    Era Domingo, Beatriz me dejó cerca de Notre Dame y se fue a tomar algo con

    unas compañeras de trabajo. Acordamos encontrarnos en uno de los puentes

    dos horas después. Fui dar unas vueltas y encontré un teléfono público. Crucé

    de un lado y del otro del Sena varias veces y fui a ver la catedral. En la entrada

    de Notre Dame entendí en qué medida París es uno de los lugares más visitados

    del mundo. Detrás de miles y miles de máquinas que capturan imágenes de cada

    detalle de la arquitectura del edificio o de nada en especial, salen palabras de

    todos los continentes.

    La primera vez que entré en Aulnay sous Bois -el barrio donde me hospedaba en

    París- fue por la autopista N°3. Era de noche y el camino estaba totalmente

    oscuro. Lo poco que se podía ver era lo que iluminaba la luz baja de los autos, y

    a los costados, las innumerables ventanas de los HLM. (Los HLM, Habitation à

    Loyer Modéré, son complejos de vivienda económicos. Los primeros que se

    construyeron tienen cierto parecido a los monoblocks del FONAVI).

    No anduve mucho en auto por la capital, pero de mis viajes con Beatriz y de mi

    experiencia como peatón me formé la idea de que los franceses son bastante

    prudentes para conducir, incluso tranquilos. Creo que la única vez que escuché

    la bocina fue en el auto de Beatriz.

    En uno de esos viajes me contó sobre el Barón de Haussmann, que fue la

    persona que hizo de París una metrópoli internacional y moderna. Haussmann

    mandó tirar abajo las edificaciones medievales y muchísimas casas y ordenó la

    construcción de los edificios monumentales que se pueden ver hoy. Algunas

    personas denunciaron el presupuesto del que se sirvió para su proyecto. Parte

    del nuevo plan de urbanización de París era hacer de la ciudad un lugar más

    higiénico, limpiarlo para prevenir enfermedades y cualquier tipo de peste. Estos

    cambios obligaron a la gente que vivía desde hacía mucho en el centro de París a

    trasladarse a los lugares más lejanos de la urbe. La transformación de la ciudad

    convirtió a Haussmann en alguien renombrado aunque no muy popular. De

    hecho, Haussmann se volvió un personaje tan impopular que Napoleón III tuvo

    que prescindir de sus servicios para evitar que se dañara más la imagen que los

    ciudadanos tenían del Emperador.

    Con el tren, el subterráneo y un mapa del transporte público, se puede ir a

    muchísimos lugares. Así fui a varios sitios que forman parte del circuito

    obligado del turista en París: El Arco del Triunfo, Champs Élysées, Invalides, el

    obelisco que trajo Napoleón de Egipto, el puente Alexandre, Saint Michel, los

    buquinistas, la Rue Pigalle, La inhóspita explanada de La Défence, Anvers, Le

    Sacre Coeur, el barrio de los molinos. En ese barrio encontré un pizarrón que

    ofrecía, como plato del día: pato con lentejas y un vaso de vino tinto.

    También conocí El Louvre y pasé por ahí -creo- como la mayoría de los

    extranjeros que no tenemos más de una o dos jornadas para visitarlo. Fueron

    demasiadas impresiones en un tiempo muy breve. Me fui un poco aturdido del

    museo cruzando Tuleries hasta el Sena y seguí la silueta de la torre hasta que me

    encontré con uno de sus pies.

    Una mañana en la que llovía demasiado como para andar caminando afuera,

    viajé hasta François Mitterrand. Me acuerdo del paisaje de grúas altísimas rojas,

    blancas, verdes, naranjas y azules. De un lado, una fábrica echando humo por

    sus dos chimeneas, del otro, el edificio gigante de la Biblioteca Nacional. Pensé

    si saldría otro tipo como Georges Bataille de ahí.

    En general, como no conocía prácticamente nada, encontré muchos lugares por

    casualidad. Y así, después de caminar un rato por la elegantísima zona del Palais

    Royal, llegué, no sé bien cómo, a la Rue Vivianne. Caminé por esa calle casi

    vacía, anonadado por la magnificencia de los edificios. La ex-Biblioteca

    Nacional estaba cubierta de cintas y conos que indicaban obras de

    remodelación. Del otro lado, un restaurant de grandes ventanales se preparaba

    para recibir clientes. Caminé unos metros más y vi a un hombre tirado en la

    vereda con una botella en la mano. Un poco más allá, el edificio de La Agencia

    Francesa de Prensa, y al lado, la Casa de La Moneda. De ahí en adelante casas de

    cambio con letreros en variadísimos idiomas hasta el final de la calle, que se

    cierra con la fachada del Hard Rock Café.

    Hace veinte siglos atrás, en Roma, una comida económica costaba lo mismo que

    un librito de poemas de Marcial; hoy, en París, un café con leche tiene el mismo

    precio que una edición usada de la poesía de Francis Ponge o las baladas de

    François Villon.

    Otro día caminé por Barbès, que es un lugar al norte de la ciudad donde se

    monta uno de los mercados con los precios más económicos de París. Las

    veredas estaban repletas de gente y ahí mismo se vendían sacos, remeras,

    zapatos, zapatillas, bufandas, sombreros y gorros. Miré los cartelitos de cartón

    pintado con fibra que indicaban los precios y pensé en la feria de Villa Domínico

    y en el mercado itinerante de Quilmes.

    La belleza de la ciudad parece ejercer una influencia sobre las mujeres, porque

    desde Palais Royal hasta Gare du Nord -y aunque hablen idiomas de rincones

    opuestos del mundo- las parisinas salen a la calle siempre cuidadosamente

    arregladas. (Palais Royal y Gare du Nord son dos puntos muy diferentes de la

    ciudad -recurriendo a otra comparación dudosa- algo parecido a Recoleta y

    Estación Constitución).

    Un poco más al sur de Gare du Nord está ubicado el conjunto de estaciones más

    grande y complejo de París: Châtelet-Les Halles. Châtelet significa algo parecido

    a castillito. Fue una fortaleza construida al borde del Sena, desde ahí vigilaba

    uno de los puentes de París. Después se convirtió en una de las prisiones más

    famosas de la ciudad. No cualquier condenado quedaba encerrado ahí, sólo

    aquellos culpados de delitos especiales. Incluso no se trataba simplemente de

    una cárcel, sino que además las autoridades del Châtelet enjuiciaban y

    condenaban prisioneros. Ahí se dictó una orden que mandaba a François Villon

    a la horca. Les Halles es el nombre del antiguo mercado central de París, el

    abasto de la capital. Las estaciones están construidas en el lado opuesto de la

    ciudad al que se encontraban la antigua cárcel del Châtelet y el mercado central,

    pero de un modo u otro siguen repitiendo esos nombres.

    Uno de los días que andaba por los pasillos del subterráneo, yendo de una

    estación a la otra, me quedé escuchando a un argelino que tocaba la guitarra por

    monedas; era muy bueno. No sé si estaba en Châtelet o en Les Halles, creo que

    en Châtelet. Lo escuché un rato mientras miraba los carteles, las pegatinas y los

    graffiti. Una cantidad increíble de gente circulaba por ahí todo el tiempo:

    mujeres que trabajan en el servicio doméstico, mozos, cajeras, vendedores,

    guardias nocturnos, administrativos… Un cartel luminoso anunciaba una

    película con Jean Reno, una especie de comedia romántica sobre parejas que

    iban de vacaciones o algo así. Sobre la cara de Reno estaba pegado un cartelito

    circular en el que aparecía una caricatura del presidente encerrado en un signo

    de interdicción.

    Los últimos días volvía bastante temprano de París y llegaba a Aulney sois Bois

    junto con una gran cantidad de inmigrantes: gente de Argelia, de Marruecos, de

    Túnez, de Siria, de Libia, de Egipto, de Nepal. El grupo se iba dispersando en

    departamentitos sencillos y bastante nuevos, y en casas que me hacían acordar a

    Villa Harding Green en Bahía Blanca. Empecé a sentir que también tenía que

    volver a casa.

    Pensé en la suerte que había tenido, en cómo había pasado por los aeropuertos

    de Buenos Aires, de Madrid, de Biarritz y de Orly, como si supiera realmente lo

    que hacía. Cómo había estado yendo y viniendo de un lado para otro de París sin

    confundirme de tren y eligiendo la puerta adecuada de las estaciones.

    Cuatro semanas antes me había tocado ir hasta Ezeiza con cuarenta grados de

    calor, ahora me tocaba ir a Orly lloviznando y con frío. Llegamos rapidísimo al

    aeropuerto, cosa que era esperable yendo con Beatriz. Cuando entramos había

    colas demasiado largas en las oficinas y parecía que algo andaba mal. Me

    dijeron que el vuelo había sido cancelado por una huelga de controladores

    aéreos. No podíamos hacer mucho en esas circunstancias, así que volvimos a

    Aulnay sous Bois; y como tenía un tiempo más para andar por ahí, traté de ir a

    los lugares que habían quedado pendientes.

    Durante ese tiempo extra que me quedé en París, las cosas no funcionaban muy

    bien en general. Seguí varias veces las direcciones equivocadas en el subterráneo

    y erré por estaciones que no eran. Cuando llegaba finalmente a algún lado,

    estaba cerrado. En algún momento perdí la libreta dónde iba haciendo las

    anotaciones del viaje.

    En una oportunidad entré en un localcito de comida griega para escapar un rato

    de la lluvia. El pizarrón ofrecía un menú por 7 euros que incluía una gaseosa de

    350 cm3. Eso es prácticamente lo más barato que se puede pagar una comida en

    París. El lugar tenía dos mesas redondas en las que cabía holgadamente una

    bandeja de comida. Lo atendía un solo hombre que cobraba, cocinaba y sacaba

    los pedidos. Buen día, un menú por favor. Buen día, 7 Euros. Inmediatamente el

    hombre calentó un disco de pan en una plancha y cortó trozos de pollo sobre ese

    pan. Hizo un cono con el disco y lo puso en una bandeja de plástico sobre un

    papel. Al lado colocó una bolsita de papas fritas y me indicó que eligiera una

    gaseosa. Elegí. ¿Salsa común o picante? ¿Cuán picante puede llegar a ser una

    salsa picante? -pensé-. Picante. Ok. El Hombre depositó de un solo golpe una

    cucharada sopera de una pasta roja luminosa al lado de las papas fritas, sobre el

    papel. Me fui a sentar a una de las mesas con el menú y el hombre se puso a

    mirar la lluvia. Me di cuenta de que la canción de fondo era “Angel” de Rolling

    Stones. El sonido venía de unos altavoces que colgaban de la pared pintada de

    azul. Desde ahí avanzaba suspendido gravemente por el oxígeno del lugar,

    cargado por la humedad y la fritanga. Me dediqué a untar papas con salsa

    picante y a escuchar Rolling Stones. En el lapso de unos segundos había perdido

    la capacidad de diferenciar los sabores, lo cual en el orden de cosas que venían

    pasando, me pareció totalmente lógico. Traté de terminar el menú y me fui.

    Barajas (Madrid)

    Volver no fue algo tan simple. Había logrado zafar a medias de la huelga de

    controladores aéreos y llegué a Madrid sin lugar asignado en el trayecto hasta

    Buenos Aires. Hice el check in con varias horas de anticipación y me dijeron que

    eso me jugaba a favor. Me dieron un tiquet de embarque igual a todos los otros,

    la única diferencia era que en el casillero del asiento no había números y letras

    sino que aparecía impresa la sigla SBY. Esperé. Esperé mucho tiempo a una

    velocidad muy lenta. Fui a un teléfono público. Las tarjetas de teléfono que tenía

    no funcionaban en Madrid. Envié un mail. Seguí esperando. Comí algo. Fui a la

    puerta de embarque y esperé ahí. Se empezó a llenar de gente. Fui encontrando

    a otras personas con esos tiquets ambiguos en la mano. Éramos cinco; la sigla

    decía que estábamos en Stand By. Teníamos que esperar que subieran todos los

    pasajeros con asiento asignado, y después, si quedaba algo, nos ubicaban. El

    grupo de gente fue disminuyendo. Iban pasando mientras nosotros mirábamos.

    Cuando estaban subiendo los últimos dos, apareció una chica muy linda. Los

    cinco que estábamos ahí -y probablemente los dos que estaban por subir al

    avión y el asistente de embarque- posamos un momento los ojos en su escote.

    Parecía que la chica no se daba cuenta de nada y sonreía como si el escote no

    fuera de ella. Le hizo unas preguntas al asistente de embarque. Por el acento era

    española y estaba en la misma situación que nosotros. Mientras la chica

    hablaba, el asistente bajó la mirada un instante, sus ojos fueron directamente al

    escote y volvieron inmediatamente a la altura de la cara de la chica. La chica no

    había dejado de sonreír y el asistente de embarque sonreía también. El asistente

    le dijo amablemente que pasara a primera. Nosotros estuvimos ahí parados un

    rato más, quizá 5 minutos, quizá un poco más. Tú y Tú, arriba, ¡vamos! ¡vamos!

    En el apuro me confundí de manga y subí por el pasillo de primera. La chica ya

    estaba sentada y tenía puesta una camperita. Me ignoró categóricamente. La

    azafata me pidió el tiquet, me acompañó hasta la sección económica y me indicó

    dónde debía sentarme.

    Buenos Aires

    Cuando el avión aterrizó finalmente en Ezeiza me pareció que las cosas

    empezaban a funcionar bien. Hicimos todo el circuito por migraciones y fuimos

    a buscar los bolsos. Varios de los que estábamos ahí esperamos un rato largo

    hasta que se acercó el encargado de equipaje y nos informó que nuestras cosas

    habían quedado en España hasta que otro avión la trajera. Alguien dijo que en

    Ezeiza eran todos chorros y que nos iban a afanar todo lo que teníamos en las

    valijas. Lo dijo lo suficientemente fuerte como para que lo escucháramos todos,

    incluido el encargado de equipaje. En ese momento no me importaba

    demasiado el asunto de los bolsos, ya estaba en Buenos Aires, no había una sola

    nube y hacía más de 25 grados.

    A la noche recuperé las cosas, traté de viajar con pocas y de no volver con

    demasiadas: una pila de ropa sucia, unos zapatos que no usé nunca, discos,

    fotocopias, libros y algunos regalitos. Tenía una botella de vino que recibí en

    una viña de Jurançon, un queso de oveja del País Vasco y varias latas de foie

    gras Lafitte, obsequio de Robert Lassègues.

    Varios días después me acordé que cuando estuve en Ezeiza a la ida, el viaje se

    había demorado por un grupo de quinceañeras que viajaban a Disney. En la

    espera del abordaje un francés me había contado que sufrió demoras de hasta

    dos días, que todo eso eran cosas habituales de los viajes, pasaban todo el

    tiempo en todos lados; lo mismo me dijo un español en Madrid. Me había

    olvidado, ahora me acuerdo.

    Pensando otra vez sobre la consigna del concurso, sobre los vínculos entre

    Francia y la provincia de Buenos Aires, agregaría, simplemente como un

    comentario, que mientras estuve en Pau me sorprendió mucho conocer la

    cantidad de personas que tienen una parte de su familia en la provincia de

    Buenos Aires. La influencia de España en esa zona, aunque es lógica por la

    vecindad, también es algo llamativo. Por lo menos a mí me llamaron la atención

    las banderas a rayas rojas y amarillas que se ven en los valles gascones, además

    de las costumbres comunes de la agricultura, las corridas de toros y las palabras

    en español que constantemente suenan en la región.

    Nicolás Jarque

     

     


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    Concurso de escritura

    Francia y vos

     

    Proyecto cultural de la Asociación de Profesores de francés de la provincia de Buenos Aires en colaboración con la Asociación de los Miembros de la Orden de las Palmas Académicas (AMOPA) de los Pirineos Atlánticos .

     

    Bases del concurso

    Este concurso se propone como objetivo hacer que los participantes y la comunidad descubran y reflexionen acerca de la variedad de elementos que dan testimonio de la presencia de Francia y su cultura en las ciudades o regiones de nuestra provincia. El concurso consiste en la presentación de un trabajo interdisciplinario francés/castellano en el que el participante aborde diversos aspectos de la relación entre los dos pueblos.

     

    Público

    El concurso está destinado a toda persona mayor de 18 años (edad mínima: 18 años cumplidos al 31 de diciembre de 2010, y sin límite máximo de edad) que estudie el idioma francés ya sea en el ámbito de la educación formal o de la enseñanza particular, institucionalizada o no. El trabajo debe imperativamente ser realizado bajo la tutela de un profesor responsable, quien dará fe de la autenticidad de la producción del participante.

     

    Características de los trabajos

    Los alumnos deberán presentar dos trabajos: uno en lengua francesa, otro en lengua castellana.

    1. Una producción escrita en lengua castellana que no debe exceder de seis carillas. Los diversos aspectos de Francia y su cultura que sean abordados en el proyecto (historias de inmigración, contactos personales, recuerdos, lecturas, películas y documentales, actividades culturales, artísticas y deportivas, historia de Francia, relaciones de toda índole de Francia con nuestro país o región) se apoyarán en fuentes de información que deberán ser mencionadas al concluir el trabajo.
      Toda clase de soporte documental puede ser incluido y utilizado para enriquecer el trabajo (fotos, reportaje video, reportaje fotográfico, entrevistas o testimonios, etc.) 
    2. Una producción oral en lengua francesa, que incluya una breve presentación del participante, en la que deberá exponer la motivación que lo llevó a participar del concurso y los temas que haya abordado en el trabajo escrito. La duración de la grabación no deberá exceder los 8 minutos.

     

    Premio

    El premio consiste en una estadía de tres semanas en Francia, dos en la ciudad de Pau en la región de Pyrénées-Atlantiques y una en París. El ganador será recibido en casas de familia, con todos los gastos de alojamiento y comida pagos.

    Los gastos correspondientes al transporte aéreo hasta París, así como los tramos desde su ciudad de origen hasta Buenos Aires y de Pau a París, estarán a cargo del participante.

    La estadía en Francia se extenderá desde el 28 de febrero hasta el 14 de marzo de 2011 en Pau y del 15 al 21 de marzo de 2011 en París, en coincidencia con períodos activos en Francia y las vacaciones de verano en nuestro país para facilitar la organización de ambas partes.

     

    Presentación de los trabajos

    1. El trabajo escrito deberá ser presentado impreso en papel tamaño A4, o en formato digital como archivo de texto (.doc / .txt / .rtf / .pdf), y se utilizarán las tipografías Arial 10 o Times New Roman 12 con espaciado doble entre líneas. En el caso de que el trabajo sea enviado en formato digital, el nombre del archivo deberá ser el nombre y el apellido del participante (por ejemplo: Jean Dupont.doc).

    2. Cualquiera fuera el formato de presentación, en la primera página del trabajo escrito deberá figurar claramente: el nombre del concurso, nombre y apellido del participante, su número de DNI, su dirección, un número de teléfono, una dirección de correo electrónico, nombre y dirección del establecimiento o instituto o profesor con quien estudia.

    3. Las fuentes que hayan sido utilizadas para obtener información (artículo de índole periodística, sitio internet, enciclopedia, etc.) deberán ser claramente citadas en nota al pie o en nota al final del trabajo.

    4. La grabación de la producción oral deberá ser enviada en uno de los siguientes soportes: cassette audio, CD audio, o archivo de audio (formatos .MP3 o .WAV).
      En el caso de que la producción oral sea enviada en cassette o CD, el nombre y el apellido del participante deberán figurar claramente escritos en el soporte. En el caso de que la producción oral sea enviada en formato digital, el nombre del archivo deberá ser el nombre y el apellido del participante.

    5. Los trabajos deberán ser obligatoriamente acompañados por una carta dirigida a esta Asociación en la que un profesor responsable presente al participante y dé fe de la autenticidad de su producción. El profesor deberá hacer constar sus propios nombres y apellido, su número de DNI y eventualmente el nombre de la institución en la cual trabaja. En el caso de que dicha carta sea enviada en formato digital, el nombre del archivo deberá ser el nombre y el apellido del participante seguidos de la palabra "carta" (por ejemplo: Jean Dupont carta.doc).

     

    Plazo de entrega de los trabajos

    Serán recibidos todos aquellos trabajos, enviados por el medio que fuere, que nos lleguen hasta las 24 horas del día 14 de octubre de 2010, sin excepción.

     

    Forma de envío de los trabajos

    1. por correo tradicionalen sobre cerrado que incluya ambas producciones y la carta del profesor responsable a la siguiente dirección: San Martín 539 3ºE 8000 Bahía Blanca.
       
    2. por correo electrónicoun archivo de texto con la producción escrita, un archivo de audio correspondiente a la producción oral y otro archivo de texto con la carta del profesor responsable a la siguiente dirección: apfbainfo@yahoo.com.ar

     

     

     

     


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  • Concurso de escritura



    “Francia y vos”

     

    Proyecto cultural de la Asociación de Profesores de francés de la provincia de Buenos Aires en colaboración con  la Asociación de los Miembros de la Orden de las Palmas Académicas  (AMOPA) de los Pirineos Atlánticos, en adhesión al Bicentenario de la Revolución de Mayo en Argentina.

     

     

    Bases del concurso


     Este concurso se propone como objetivo hacer que los participantes y la comunidad descubran y reflexionen acerca de la variedad de elementos que dan testimonio de la presencia de Francia y su cultura en las ciudades o regiones de nuestra provincia. El concurso consiste en la presentación de un trabajo interdisciplinario francés/castellano en el que el participante aborde diversos aspectos de la relación entre los dos pueblos.

     

     

     Público

     

    El concurso está destinado a toda persona, habitante de la provincia de Buenos Aires, mayor de 18 años (edad mínima: 18 años cumplidos al 31 de diciembre de 2009, y sin límite máximo de edad) que estudie o haya estudiado el idioma francés ya sea en el ámbito de la educación formal o de la enseñanza particular, institucionalizada o no. El trabajo debe imperativamente ser realizado bajo la tutela de un profesor responsable, quien dará fe de la autenticidad de la producción del participante.

     

     

    Características de los trabajos

     

    Los alumnos deberán presentar dos trabajos: uno en lengua francesa, otro en lengua castellana. 

    1.      Una producción escrita en lengua castellana que no debe exceder de seis carillas. Los diversos aspectos de Francia y su cultura que sean abordados en el proyecto (historias de inmigración, contactos personales, recuerdos, lecturas, películas y documentales, actividades culturales, artísticas y deportivas, historia de Francia, relaciones de toda índole de Francia con nuestro país o región) se apoyarán en fuentes de información que deberán ser mencionadas al concluir el trabajo.
    Toda clase de soporte documental puede ser incluido y utilizado para enriquecer el  trabajo (fotos, reportaje video, reportaje fotográfico, entrevistas o testimonios, etc.)

     

    2.      Una producción oral en lengua francesa, que incluya una breve presentación del participante, en la que deberá exponer la motivación que lo llevó a participar del concurso y los temas que haya abordado en el trabajo escrito. La duración de la grabación no deberá exceder los 8 minutos.

     

     

     

    Premio

     

    El premio consiste en una estadía de  20 días en Francia en 2010,  15 en el departamento   de Pirineos Atlánticos desde el 1º al 15 de febrero, en las ciudades de Pau  y/o de Biarritz  y  desde esa fecha hasta el 20 de febrero en  París.  El ganador  será  recibido  en  casas de familia, sin gastos de  alojamiento y comidas.

    Los gastos correspondientes al transporte aéreo y terrestre, ida y vuelta, hasta París, así como los tramos desde su ciudad de origen hasta Buenos Aires y de París a Pau o a Biarritz, estarán a cargo del participante. El viaje se realizará durante el mes de febrero de 2010, en coincidencia con períodos activos en Francia y las vacaciones de verano en nuestro país para facilitar la organización de ambas partes.

     

     

     

    Presentación de los trabajos


     

    1.      El trabajo escrito deberá ser presentado impreso en papel tamaño A4, o en formato digital como archivo de texto (.doc / .txt / .rtf / .pdf), y se utilizarán las tipografías Arial 10 o Times New Roman 12 con espaciado doble entre líneas. En el caso de que el trabajo sea enviado en formato digital, el nombre del archivo deberá ser el nombre y el apellido del participante (por ejemplo: Jean Dupont.doc).

    2.      Cualquiera fuera el formato de presentación, en la primera página del trabajo escrito deberá figurar claramente: el nombre del concurso, nombre y apellido del participante, su número de DNI, su dirección, un número de teléfono, una dirección de correo electrónico, nombre y dirección del establecimiento o instituto o profesor  con quien estudia.

    3.      Las fuentes que hayan sido utilizadas para obtener información (artículo de índole periodística, sitio internet, enciclopedia, etc.) deberán ser claramente citadas en nota al pie o en  nota al final del trabajo.

    4.      La grabación de la producción oral deberá ser enviada en uno de los siguientes soportes: cassette audio, CD audio, o archivo de audio (formatos .MP3 o .WAV).
    En el caso de que la producción oral sea enviada en cassette o CD, el nombre y el apellido del participante deberán figurar claramente escritos en el soporte. En el caso de que la producción oral sea enviada en formato digital, el nombre del archivo deberá ser el nombre y el apellido del participante.

    5.      Los trabajos deberán ser obligatoriamente acompañados por una carta dirigida a esta Asociación en la que un profesor responsable presente al participante y dé fe de la autenticidad de su producción. El profesor deberá hacer constar sus propios nombres y apellido, su número de DNI y eventualmente el nombre de la institución en la cual trabaja. En el caso de que dicha carta sea enviada en formato digital, el nombre del archivo deberá ser el nombre y el apellido del participante seguidos de la palabra “carta” (por ejemplo: Jean Dupont carta.doc).

     

     

     

     

    Plazo de entrega de los trabajos

     

    Serán recibidos todos aquellos trabajos, enviados por el medio que fuere, que nos lleguen hasta las 24 horas del día 14 de septiembre de 2009, sin excepción.

    El dictamen inapelable del jurado, formado por dos miembros de la Comisión Directiva y de un Socio Honorario de la APFBA,  será publicado por los medios de comunicación y dado a conocer por correo electrónico al ganador y a los socios de la APFBA, el día 30 de septiembre.    

     

     

     

    Forma de envío de los trabajos

     

    1.      por correo tradicional:
    en sobre cerrado que incluya ambas producciones y la carta del profesor responsable a la siguiente dirección:

            San Martín  539  3ºE   -  8000 Bahía Blanca.

     

    2.      por correo electrónico:
    un archivo de texto con la producción escrita, un archivo de audio correspondiente a la producción oral y otro archivo de texto con la carta del profesor responsable
    a la siguiente dirección:  
    apfbainfo@yahoo.com.ar.

      

     

    Agradecimientos

     Agradecemos especialmente la gestión del Sr. Robert LASSÈGUES, miembro de la AMOPA y del Sr. François LASSABE, profesor de español del Liceo Agrícola de Pau-Montardon así como la Declaración de Interés Municipal  brindada por  la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Bahía Blanca.


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